Con la Marcha sobre Roma Benito Mussolini llegó al poder en Italia el 4 de octubre de 1922. Los "camisas negras" marcharon sobre la ciudad para dar el golpe de Estado.
Para disolver la amenaza que presentaban los fascistas que llegaban a las afueras de la ciudad, el primer ministro pidió el estado de sitio para Roma. Sin embargo, el Rey Víctor Manuel III rechazó firmar la orden. Esto significó que no ordenaron al ejército, que pudo haberse opuesto a los fascistas.
Las razones de la negativa del monarca no están claras; puede que temiera perder su trono o que deseara evitar una guerra civil.
Mussolini estaba decidido a no aceptar nada que no fuera el control del gobierno y el 29 de octubre el rey le pidió que fuera primer ministro. Mussolini llegó desde Milán en tren y formó gobierno en Roma. Cerca de 25.000 camisas negras marcharon en un triunfante desfile ceremonial el 31 de octubre.
“Aquí tenemos, mi querido doctor, la imagen de la vida misma. La pila representa la columna vertebral, el hígado es el polo negativo y los riñones el polo positivo”.
Esta frase fue pronunciada por Napoleón Bonaparte en 1801 a su médico, Jean Nicolas Corvisart. Ambos se hallaban en una demostración científica celebrada en París, y el objeto que había inspirado al gran general tal comparación no era otro que una pila, un bloque de discos metálicos que producía electricidad. Napoleón acababa de conquistar el norte de Italia, y de allí procedían la pila y su inventor, Alessandro Volta, profesor de física de la Universidad de Pavía.
El 2 de noviembre de ese mismo año, la Academia de las Ciencias del Instituto de Francia emitió el informe corespondiente aseverando la validez del invento de Volta, y recomendando para éste, la medalla de oro al mérito científico.
La pila de discos metálicos inventada por Volta era el primer generador eléctrico que producía un flujo constante de corriente. Hasta entonces, sólo se había conseguido producir electricidad mediante fricción, frotando, por ejemplo, un cristal con un paño, pero mediante este sistema no se lograba más que una pequeña descarga.
La pila presentada por Volta en 1801 era el resultado de casi diez años de investigaciones alentadas por los experimentos de su contemporáneo Galvani.
Volta realizó numerosos experimentos combinando diferentes pares de metales y distintos tejidos húmedos. Incluso llegó a introducirse metales en la boca para ver qué reacción producían. Al final, llegó a la conclusión de que la mejor combinación era la formada por plata, cinc y agua salada. Con estos elementos construyó su pila: una torre de sesenta discos alternos de plata y cinc separados por cartones humedecidos en agua salada.
La pila de Volta sirvió como base para muchos descubrimientos científicos asociados a la electricidad, como el electromagnetismo o la electrólisis descubierta por Faraday. La pila de Volta ha sido el modelo de pila utilizado hasta nuestros días, aunque hoy se basan generalmente una reacción entre cinc y cloruros.
La unidad de fuerza electromotriz del Sistema Internacional se denomina voltio en honor de este eminente científico desde 1881.
En respuesta al avance musulmán en el Mediterráneo, en el norte de África y en el Cáucaso, los Estados aliados cristianos atacaron a la armada turca en el golfo de Lepanto, en Grecia, en 1571.
La armada aliada estaba formada por 70 galeras españolas (incluidas las de Nápoles, Sicilia, y Génova), 9 de Malta, 12 de los Estados Pontificos y 140 venecianas, formando la llamada Liga Santa. Los combatientes españoles sumaban 20.000, los del Papa 2.000 y los venecianos 8.000. La flota estaba confiada a Juan de Austria (España) y dirigida por jefes experimentados como Gian Andrea Doria (Estados Ponticios) y los catalanes Juan de Cardona y Luis de Requesens. Las naves venecianas estaban al mando de Sebastián Veniero.
El único hombre que vio clara la situación desde el primer momento fue el papa Pío V. Incluso Felipe II tardó mucho en convencerse de la necesidad de asestar un golpe definitivo a los turcos. La unión de escuadras cristianas que el Papa había convocado en respuesta a la toma de Chipre (1570) había resultado un fracaso del que los jefes se culpaban mutuamente. Fuerzas turcas se apoderaron de Dulcino, Budua y Antivari, e incluso llegaron a amenazar la plaza de Zara. La escuadra española estuvo ya preparada con la llegada de Andrea Doria, Don Álvaro de Bazán y Juan de Cardona. Más tarde, el obispo Odescalco llegó a Mesina, dio la bendición apostólica en nombre del Papa y concedió indulgencias de cruzada y jubileo extraordinario a toda la armada. Don Juan ordenó la salida de la flota y fondeó en Corfú, mientras una flotilla exploraba la zona.
Don Juan de Austria constituyó una batalla central de 60 galeras en las que iban Colonna y Veniero con sus naves capitanas, flanqueada por otras menores al mando de Andrea Doria, Álvaro de Bazán y el veneciano Agustín Barbarigo. A Cardona se le dio una flotilla exploradora en vanguardia. A bordo iban cuatro tercios españoles. La desconfianza hacia los venecianos era tal que don Juan repartió 4.000 de los mejores soldados españoles en las galeras de la Señoría e hizo que éstas navegasen entreveradas con las de España. En el Consejo se aprobó el plan de Bazán de presentar combate al día siguiente, frente al golfo de Lepanto.
Al día siguiente avistaron a la flota turca. Alí estaba al mando de 260 galeras. Cerca del mediodía la galera de Alí Bajá disparó el primer cañonazo. Durante dos horas se peleó con ardor por ambas partes, y en un tercera embestida los españoles lograron izar el pabellón cristiano en la galera turca, y al final la flota central turca fue aniquilada. Sólo 50 de las 300 naves turcas pudieron escapar.
En la galera Marquesa combatió Miguel de Cervantes con gran valor. Tenía entonces veinticuatro años y continuó combatiendo después de ser herido en el pecho y en el brazo izquierdo, que le quedaría inútil.
(Batalla de Lepanto)
Después de la victoria se celebró un Consejo y prevaleció el parecer de dar por terminada la campaña de aquel año. Pío V y el Dux de Venecia reconocieron que la victoria se debió principalmente a España y a Don Juan de Austria. Aunque Lepanto aparentemente fue una victoria total para los miembros de la Liga Santa, el carácter definitivo de la victoria cristiana ha sido discutido por muchos historiadores.
Batalla de Lepanto por Paolo Veronese
La victoria de Lepanto abría la puerta a las mayores esperanzas. Sin embargo, de momento, no trajo consigo ninguna clase de consecuencias. La flota aliada no persiguió al enemigo en derrrota, por sus propias pérdidas y el mal tiempo, a quien el imperio turco, desconcertado, debió tal vez su salvación. La batalla pone fin a un verdadero complejo de inferioridad por parte de la Cristiandad y una primacía no menos verdadera por parte de los turcos. La victoria cristiana cerró el paso a un porvenir que se anunciaba muy próximo y muy sombrío.
De todas las familias que se hicieron poderosas en el Renacimiento, la de los Médici fue una de las más influyentes. En el s. XV fueron los gobernantes de Florencia, convirtiéndola en una ciudad próspera y floreciente.
De origen modesto, el poderío inicial de la familia surgió de la banca. En base a este poder, adquirieron poder político en Florencia, y posteriormente en toda Italia y Europa. Los Médici se convirtieron en cabeza de la república florentina en 1434, rigiendo los destinos de la Toscana hasta el asesinato de Alessandro de Médici en 1537.
La fortuna de la familia comenzó con Giovanni (Juan) Médici, que ordenó la reconstrucción de la Iglesia de San Lorenzo en Florencia. Su hijo Cosimo (Cosme) era un inteligente y astuto político, además de un buen hombre de negocios. Siendo joven, estudió y se interesó por las obras clásicas griegas. Con la muerte de su padre en 1429, Cosimo decidió seguir la carrera política. En una época de violenta rivalidad entre ciudades y reinos, Cosimo evitó la guerra siempre que pudo. Prefería negociar y hacer uso del poder que da el dinero. Gracias a ello, pudo garantizar a Florencia un período prolongado de relativa paz y seguridad.
Cosimo fue uno de los primeros grandes mecenas del Renacimiento y se interesó por las artes y por las ciencias. Financió a los escultores Ghiberti y Donatello, al arquitecto Brunelleschi y el erudito Fiemo. Hizo construir un gran palacio en Florencia que usó como banco principal y residencia familiar, diseñado por el arquitecto Michelozzo, a quien Cosimo le encargó también una biblioteca para el monasterio de San Giorgio Maggiore, en Venecia.
(Escultura ecuestre de Cósimo de Médici)
Controló Florencia durante 30 años y cuando murió fue sucedido por su hijo Piero, quien nunca había gozado de buena salud y murió cinco años después. Su hijo Lorenzo, de 20 años, se convirtió entonces en el gobernante de Florencia, que prefirió gastar gran parte de la fortuna familiar en patrocinar a los artistas, arquitectos y escultores cuyas obras hacían de Florencia una ciudad tan hermosa. Su popularidad y su poder despertaron la envidia de otra familia florentina, los Pazzi, quienes conspiraron para asesinar a Lorenzo y a su hermano Giuliano durante una misa solemne en la Catedral de Florencia. Mataron a Giuliano, pero sólo lograron herir a Lorenzo. Los florentinos se irritaron por el crimen y estallaron los tumultos en represalia; muchos de los conspiradores fueron arrastrados por las calles y arrojados al río.
Lorenzo de Médici, fue además mecenas de Leonardo da Vinci y Sandro Boticelli, entre otros.
La fama de los Médici aumentó cuando el hijo de Lorenzo, Giovanni, fue designado Papa con el nombre de León. Como su padre, fue también un entusiasta mecenas de las artes. En realidad, se interesó más en las artes y especialmente en la reconstrucción de la basílica de San Pedro.
Dos años después de la muerte de Giovanni, su primo se convirtió en el Papa Clemente VIII, siendo así el segundo Médici elegido como tal. Políticamente era débil, y apoyó en sus rivalidades primero a Carlos V y luego a Francisco I.