domingo 30 de octubre de 2011

Los desembarcos españoles en las Islas Británicas

A partir de ahora utilizaré el blog para colgar articulos que encuentre en la red sobre historia que me parezcan buenos e interesantes. Para empezar uno sobre el imperio español y la guerra contra Inglaterra:


El cine y la televisión han hecho que los jóvenes españoles conozcan mejor el nombre de las playas del desembarco de Normandía que el de los conquistadores de América. Por el mismo procedimiento, se cree que desde 1066 ningún invasor proveniente del continente ha hollado el suelo británico. En realidad, entre los siglos XVI y XVIII los españoles desembarcaron varias veces en Inglaterra, Irlanda y Escocia.


Durante el siglo XVI y gran parte del XVII, los marinos españoles navegaban por el canal de La Mancha y el mar del Norte como por el golfo de Vizcaya y las aguas interiores de las Baleares. Por ello no debería sorprender que en El Escorial y en el Alcázar los reyes españoles ordenasen ataques a las islas Británicas cuando los piratas ingleses y su jefa, la reina Isabel I, saqueaban mercantes y ayudaban a los rebeldes de los Países Bajos.

El primer plan fue la empresa de Inglaterra de 1588, que fracasó sin que las tropas españolas desembarcaran en tierra enemiga. Al año siguiente, el pirata Francis Drake dirigió una expedición contra los puertos de La Coruña y Lisboa; y aunque las tropas inglesas pisaron suelo ibérico sufrieron sendas derrotas, de modo que las pérdidas en hombres, barcos y dineros de Drake y de su reina superaron las de Felipe II.

Un puerto en Bretaña y una misa en Cornualles
Como en los años posteriores Londres proseguía con su política antiespañola, en Madrid se aprobó el ataque a las islas Británicas. Además de los puertos en Flandes, España disponía desde 1590 de una base en la costa bretona de Francia. Después de los asesinatos del duque de Guisa en 1588 y del rey Enrique III en 1589 y del ascenso al trono del hugonote Enrique de Navarra en 1590, Felipe II envió tropas, mandadas por el militar castellano Juan del Águila, para apoyar al partido católico francés. Éstas desembarcaron en la rada del río Blavet y construyeron un fuerte. Isabel I también mandó fuerzas a Francia en respaldo del bando protestante.

Se decidió una expedición de castigo contra la costa inglesa, que se encargó a Del Águila. Éste la confió al vasco Carlos de Amézquita (o de Amézola), quien, con tres compañías de arcabuceros y cuatro galeras, zarpó de Blavet el 26 de julio. El punto elegido para el desembarco fue el extremo occidental de la península de Cornualles. El 2 de agosto, la flotilla apareció junto al puerto de Mousehole. Los aldeanos huyeron en cuanto vieron a los españoles y sólo hubo una muerte, tal como cuentan León Arsenal y Fernando Prado en Rincones de la historia de España.

En los dos días siguientes, las tropas arrasaron la comarca y reembarcaron sin problemas, ya que las milicias locales no se atrevieron a enfrentarse a los célebres tercios españoles, aunque les triplicaban en número. Como despedida, los españoles celebraron una misa y prometieron la erección de un monasterio cuando derrotaran a los ingleses y restauraran el catolicismo. Un broche adecuado para la operación, ya que la reina Isabel castigaba como delito de traición la asistencia de sus súbditos a una eucaristía.

Mientras las galeras regresaban a Bretaña, se toparon con una flota holandesa formada por 40 mercantes y seis navíos armados. El resultado de la batalla fue que los españoles hundieron cuatro buques enemigos, sin perder ni uno solo de los suyos. Las únicas muertes de esa operación ocurrieron entonces: una veintena de hombres.

Otra armada mayor que la de 1588
En el verano de 1596, una flota anglo-holandesa mandada por el conde de Essex, atacó y saqueó Cádiz. Entonces, Felipe II empezó a planear una nueva invasión de Inglaterra. La oportunidad apareció cuando en el verano siguiente los ingleses (120 naves) y los holandeses (25 naves) trataron de apoderarse del oro de las Indias. Esta flota primero rondó las Azores y luego aproó rumbo a América.

Los españoles aprovecharon que el canal de La Mancha estaba abierto para zarpar de La Coruña. La fecha de salida fue el 19 de octubre de 1597, ya entrado el otoño, y el destino, Falmouth, puerto de Cornualles. El tamaño de la fuerza invasión superaba al de la armada de 1588: más de 160 barcos.

De nuevo las tormentas frustraron la operación española, pero en esta ocasión no se produjeron las pérdidas humanas y navales de la ocasión anterior. Sin embargo, cuenta el erudito Cesaréo Fernández-Duro que siete navíos llegaron a Falmouth y de ellos desembarcaron 400 soldados, que se atrincheraron en la zona en posición de combate hasta que, transcurridos unos días, comprobaron que la invasión se había frustrado y reembarcaron.

Los demonios españoles llegaban con el viento a la campiña inglesa y se marchaban con la amenaza de regresar otro año.

A la vuelta de su expedición, los jefes de la flota inglesa, el conde de Essex, Walter Raleigh y Thomas Howard se encontraron con acusaciones por haber dejado indefenso el reino y hasta de estar a sueldo del rey español.

La guerra de resistencia de los irlandeses
Desde las rebeliones de Desmond, ocurridas a partir de 1569, y de la represión inglesa, los irlandeses habían pedido ayuda a España. Después de la batalla de Lepanto, algunos llegaron a proponer a Juan de Austria, capitán general de la flota que había derrotado a los turcos, como rey del país. Y en la armada de 1588 habían ido numerosos irlandeses.

Felipe III, que había sucedido a su padre en 1598, por fin aprobó el envió de una expedición militar a Irlanda a cuyo frente puso a Juan de Águila. La flota, que llevaba casi 4.500 soldados veteranos, zarpó de Lisboa el 2 de septiembre de 1601, con el objetivo de tocar tierra en el sur de la isla, y colaborar con los rebeldes, acaudillados por los condes de Tyrone y de Tyrconnell. El destino era Cork, pero los vientos hicieron que fuese Kinsale.

En esta ocasión no falló el tiempo, sino el populacho: los irlandeses no se sublevaron. Los militares ingleses bloquearon con sus naves la bahía y rodearon a los españoles y sus aliados por tierra. Los intentos de Pedro de Zubiaur de auxiliar a los españoles desembarcados fracasaron, por lo que Del Águila pactó con el jefe de los ingleses, el barón de Montjoy, la entrega de sus posiciones si le facilitaba barcos para que él y sus hombres regresasen a España. La expedición atracó en La Coruña en abril de 1602; de la tropa habían muerto 600 soldados.

La represión inglesa se agravó aún más en Irlanda, lo que produjo un aumento de la emigración de aristócratas y notables a España, donde los irlandeses fueron siempre recibidos con los brazos abiertos. La guerra abierta entre españoles e ingleses concluyó con el Tratado de Londres, del que hablaremos la próxima semana.

Anular el Tratado de Utrecht
El que por ahora es el último desembarco español en las islas Británicas ocurrió en Escocia. Del Tratado de Utrecht que puso fin a la guerra de Sucesión española, el país más beneficiado fue Inglaterra y el más perjudicado España. Ésta perdió no sólo los Países Bajos y las posesiones italianas, en las que estaba presente desde la Edad Media, sino, además, Gibraltar y Menorca. En cuanto se consiguió la paz, el nuevo rey, el Borbón Felipe V, y la clase dirigente española quisieron darle la vuelta a ese tratado, mediante operaciones y alianzas militares.

En Inglaterra reinaba Jorge I (1714-1727) de la dinastía alemana de Hannover, pero era un monarca muy impopular. Le rechazaban los irlandeses, los escoceses y los católicos ingleses. La dinastía Estuardo tenía numerosos partidarios, llamados jacobitas. El rey Jacobo II (1685-1688) había sido derrocado por los protestantes y su hijo, Jacobo III, pedía a las cortes católicas ayuda para recobrar su trono.

En 1719, Felipe V y el cardenal Alberoni planearon, de acuerdo con exiliados y agentes británicos e irlandeses, la invasión de Inglaterra y el derrocamiento del monarca alemán. La clave consistía en enviar una pequeña fuerza naval a Escocia, con tropas y armas para los jacobitas, bajo el mando del conde George Keith. Una vez que el Ejército inglés hubiera marchado al norte, una fuerza naval mayor, con unos 5.000 soldados y 30.000 mosquetes, desembarcaría en Gales o, de nuevo, en Cornualles, armaría a los jacobitas y marcharía hacia Londres.

Tal como cuentan los citados Arsenal y Prado, la flota grande no pudo zarpar de La Coruña a finales de marzo de 1719 debido al mal tiempo, pero la expedición destinada a Escocia y formada por dos fragatas, 307 infantes de marina y 2.000 mosquetes, había salido días antes de san Sebastián. El 4 de abril, las dos fragatas arribaron a la isla de Lewis, la principal del archipiélago de las Hébridas y se apoderaron de su capital.

Infantes de marina españoles unidos a los jacobitas
Los jefes de la expedición y los caudillos jacobitas acordaron atacar la ciudad de Inverness, que tenía una guarnición muy reducida, de 300 hombres. Los españoles y los jacobitas establecieron su cuartel en el famoso castillo Eilan Donan, donde dejaron las armas y las municiones. Al poco, las malas noticias se acumularon: no se produciría la invasión en el sur, los clanes no acababan de reclutar hombres y Londres había enviado tropas y buques para aniquilarlos. Las dos fragatas habían vuelto a España, y los infantes de marina, mandados por el coronel Nicolás Bolaño, se unieron a los jacobitas.

En Eilan Donan quedó una pequeña guarnición de 50 infantes de marina para proteger las armas, y el resto se adentró en el país. Tres fragatas inglesas irrumpieron en el lago Loch Alsh y ofrecieron la rendición a los soldados españoles; como éstos se negaron, el 10 de mayo las fragatas bombardearon el castillo: sólo hubo cinco supervivientes españoles.

El gobernador militar inglés se enfrentó con fuerzas superiores (incluso artillería) a los jacobitas y los españoles. El 10 de junio, aniversario del pretendiente Jacobo III, se libró la batalla de Glen Shiel, en la que los ingleses vencieron. Los soldados españoles supervivientes fueron confinados en Inverness y Edimburgo; el Gobierno de Londres se negó a pagar su manutención; pero en octubre regresaron a España.

Artículo original: http://agosto.libertaddigital.com/los-desembarcos-espanoles-en-las-islas-britanicas-1276239315.html

jueves 16 de diciembre de 2010

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lunes 3 de agosto de 2009

Book Land

Aprovecho el momento para invitaros a un nuevo blog mío, Book Land, relacionado con la literatura. Seguramente le dedique más tiempo a ese blog, que junto con Game Land me roban gran parte del tiempo que le dedico a internet.

Aquí iré colgando entradas de manera esporádica, ya que este blog nació por un trabajo del colegio y ya acabé el curso (por cierto, logré una muy buena nota en el blog).

miércoles 17 de junio de 2009

Vídeo - Operación Barbarroja

Bueno, el vídeo que podéis ver a continuación es el que hice para la clase de Historia. Era una exposición sobre la Operación Barbarroja, el intento de Hitler de invadir la URSS en 1941, durante la II Guerra Mundial. No tiene texto porque yo iba hablando mientras salían las imágenes pero espero que os guste.

martes 9 de junio de 2009

La carrera espacial (Guerra Fría)

Uno de los campos que más se benefició con la Guerra Fría fue el área de la tecnología. En un principio la carrera espacial no fue más que una campaña para desarrollar el programa de misiles balísticos intercontinentales. Sin embargo, la carrera espacial se convirtió muy pronto en una forma de propaganda.

En la urgencia de mostrar su superioridad frente al rival, tanto EEUU como la URSS se esforzaron en mejorar sus lanzaderas, así como los productos derivados de sus adelantos tecnológicos.

En 1957, los rusos lanzaron el Sputnik, primer artefacto humano capaz de alcanzar el espacio y orbitar el Planeta. Ese mismo año, los rusos lanzan el Sputnik II, y el primer ser vivo sale al espacio: una perra, de nombre Laika, que murió a las 7 horas de salir de la átmosfera.

Poco después, los Estados Unidos entraron en la carrera lanzando el Explorer I en 1958, pero la Unión Soviética consigue dar un paso de gigante, al ser Yuri Gagarin el primer ser humano en ir al espacio y regresar sano y salvo. Fue entonces cuando la rivalidad aumentó hasta tal punto que el propio presidente de Estados Unidos, John F. Kennedy, prometió enviar estadounidenses a la Luna antes del fin de la década.

La misión Apolo XI consiguió realizar con éxito su tarea y Amstrong y Edwin Aldrin se convirtieron así en los primeros humanos en caminar sobre otro cuerpo celeste. Más tarde vendrían las misiones Apolo 12, 14, 15, 16 y 17 que repitieron la hazaña, llevando hasta un total de 12 personas hasta la superficie lunar hasta que en 1972, con el Apolo 17, el proyecto se dio por finalizado por falta de presupuesto.

martes 21 de abril de 2009

Las purgas de Stalin (Comunismo)

La Gran Purga fue el nombre dado a la serie de campañas de represión y persecución políticas llevadas a cabo en la Unión Soviética a finales de la década de 1930. Cientos de miles de miembros disidentes del Partido Comunista Soviético, socialistas, anarquistas y opositores fueron perseguidos, enviados a campos de concentración o ejecutados.

Las purgas de Stalin lo consolidaron en el poder. Aunque los soviéticos lo justificaron argumentando que se limpió el camino de elementos disidentes para la futura guerra los nazis, una gran cantidad de las víctimas eran miembros del propio Partido Comunista y oficiales del Ejército.

Otros perseguidos fueron los kulaks (granjeros de mediana posición económica), los finlandeses, los oficiales de la época zarista y los miembros de otros partidos. Hasta veteranos de la Guerra Civil fueron ejecutados. Las detenciones las llevaba a cabo el Comisariado del Pueblo (NKVD).

Durante la Gran Purga fueron ejecutados casi todos los bolcheviques que habían tenido un rol importante en la Revolución de octubre o en el gobierno de Lenin. De los 1.966 delegados del XVII Congreso del Partido Comunista celebrado en 1934, 1.108 fueron arrestados y casi todos murieron ejecutados o en prisión.

Ningún sector de la población soviética estuvo a salvo de las purgas. Si algo caracterizó al gran terror fue su carácter indiscriminado. En efecto, al principio el objetivo principal de las grandes purgas fue el propio partido bolchevique pero el resto de la población estaba sometida a un idéntico régimen de terror.

lunes 20 de abril de 2009

Mein Kampf (Nazismo)

Mein Kampf es el libro que Adolf Hitler escribió en 1925 exponiendo sus ideas nacional-socialistas.

El libro perfila las ideas principales que el régimen alemán llevaría a término durante El Holocausto. Argumenta sobre la necesidad de ganar Lebensraum ("espacio vital") hacia el este, especialmente en Rusia. Esta tierra nueva alimentaría el "destino histórico" del pueblo alemán.

Hitler empleaba las tesis principales del "peligro judío", que hablaba de una presunta conspiración judía para ganar el liderazgo mundial. Aun así explica muchos detalles de la niñez de Hitler del proceso por el que se volvió cada vez más antisemita y militarista.

También describe su aversión al comunismo y el judaísmo, con el propósito de erradicarlos de la Tierra. Entre las fuentes utilizadas por Hitler para escribir Mi lucha, se destaca el libro El judío internacional: el primer problema del mundo (1920), del famoso industrial estadounidense Henry Ford.

Después de que Hitler se elevara al poder, el libro ganó enorme popularidad y se convirtió en la Biblia de cualquier nazi. Se exigía que cada pareja que se uniera en matrimonio tuviera su propia copia. Sin embargo, una cantidad considerable de los que lo adquirían no lo leían, y muchos lo compraban simplemente para ganar posiciones en el partido y evitar problemas con la Gestapo. Al final de la guerra se habían distribuido en Alemania aproximadamente 10 millones de copias del libro y había sido traducido a 16 idiomas.

domingo 19 de abril de 2009

La marcha sobre Roma (Fascismo)

Con la Marcha sobre Roma Benito Mussolini llegó al poder en Italia el 4 de octubre de 1922. Los "camisas negras" marcharon sobre la ciudad para dar el golpe de Estado.

Para disolver la amenaza que presentaban los fascistas que llegaban a las afueras de la ciudad, el primer ministro pidió el estado de sitio para Roma. Sin embargo, el Rey Víctor Manuel III rechazó firmar la orden. Esto significó que no ordenaron al ejército, que pudo haberse opuesto a los fascistas.

Las razones de la negativa del monarca no están claras; puede que temiera perder su trono o que deseara evitar una guerra civil.

Mussolini estaba decidido a no aceptar nada que no fuera el control del gobierno y el 29 de octubre el rey le pidió que fuera primer ministro. Mussolini llegó desde Milán en tren y formó gobierno en Roma. Cerca de 25.000 camisas negras marcharon en un triunfante desfile ceremonial el 31 de octubre.

martes 14 de abril de 2009

El oro de Moscú (Guerra Civil Española)

El término Oro de Moscú se refiere a la operación de traslado de 510 toneladas de oro, correspondientes al 72'6% de las reservas de oro del Banco de España, desde su depósito en Madrid hacia la Unión Soviética, a los pocos meses del inicio la Guerra Civil Española.

La operación se realizó por orden del gobierno de la II República, presidido por Francisco Largo Caballero, y a iniciativa de su ministro de Hacienda, Juan Negrín. La cuarta parte restante de la reserva del Banco, es decir 193 toneladas, fue traslada a Francia, operación que es también conocida como el Oro de París.

De esta forma se firmó un decreto reservado del Ministerio de Hacienda, emitido a iniciativa del nuevo ministro, Juan Negrín, por el cual se autorizaba el traslado de las reservas metálicas del Banco de España y preveía una futura rendición de cuentas a las Cortes que nunca llegó a producirse:

Ministro de Hacienda

Excmo. Sr:
Por su excelencia el presidente de la República, y con fecha 13 del actual, ha sido firmado el siguiente decreto reservado: La anormalidad que en el país ha producido la sublevación militar aconseja al Gobierno adoptar aquellas medidas precautorias que considere necesarias para mejor salvaguardar las reservas metálicas del Banco de España, base del crédito públic

o. La índole misma de la medida y la razón de su adopción exigen que este acuerdo permanezca reservado. Fundado en tales consideraciones, de acuerdo con el Consejo de Ministros, y a propuesta del de Hacienda, vengo en disponer, con carácter reservado, lo siguiente:

  • Art. 1º: Se autoriza al Ministro de Hacienda para que en el momento que lo considere oportuno ordene el transporte, con las mayores garantías, al lugar que estime de más seguridad, de las existencias que en oro, plata y billetes hubiera en aquel momento en el establecimiento central del Banco de España.
  • Art. 2º: El Gobierno dará cuenta en su día a las Cortes de este decreto.
Madrid, 13-9-36.


Así justificó Largo Caballero que la operación fuera secreta:

"¿De esta decisión convenía dar cuenta a muchas personas? No. Una indiscreción sería la piedra de escándalo internacional [...] Se decidió que no lo supiera ni el Presidente de la República, el cual se hallaba entonces en un estado espiritual verdaderamente lamentable, por consiguiente sólo lo sabía el Presidente del Consejo de Ministros [el propio Largo], el Ministro de Hacienda [Negrín] y el de Marina y Aire [Indalecio Prieto]. Pero los dos primeros serían los únicos que se habían de entender con el Gobierno de Rusia".

Hay muchas posibles causas para el envío del oro a los soviéticos:
  • avance nacional por la Península
  • coacción soviética
  • intención anarquista de asaltar las bóvedas del Banco de España
  • pedir ayuda militar a la URSS
  • según dijeron los soviéticos después: "como una ayuda contra el fascismo internacional"

lunes 13 de abril de 2009

Fundación de la RENFE (Franquismo)

El día 24 de enero de 1941 se funda la RENFE (Red Nacional de Ferrocarriles Españoles) a raíz de la nacionalización de diversas compañías ferroviarias como la Compañía de los Caminos de Hierro del Norte de España (existente desde 1858) o los Ferrocarriles Andaluces.


Así, el Gobierno de Franco aprobó la ley de Bases de Ordenación Ferroviaria y de Transportes por Carretera, concentrando el tráfico ferroviario en una única compañía: RENFE.

El objeto de su creación fue rehabilitar la red ferroviaria española, gravemente dañada por la Guerra Civil. Fue una tarea difícil por la escasez de recursos económicos. También se unificaron las señales (había cerca de 30 tipos distintos) y los reglamentos de circulación.

En 1949 se aprobó el Plan General de Reconstrucción y Reformas Urgentes, (Plan Guadalhorce), que proveía 5.000 millones de pesetas para la renovación de la Red.

De esta forma se centraron en la sustitución y el refuerzo de puentes metálicos, en la renovación de más de mil kilómetros de vía, en las instalaciones de seguridad y en el inicio de un programa de electrificación.

También incluía el Plan la renovación de material: se adquirieron 200 locomotoras, 5.000 vagones y 400 coches de viajeros.